domingo, 28 de septiembre de 2008

Infierno Campestre


Mi quietud era lo único que tenía y no deseaba más.
Sólo el grito desde lo alto me hizo palidecer e inquietarme.

El abejorro resonó y me perturbó...
¡¡¡mi casa!!! es lo que oía y el fuego es lo que yo veía.
Raudamente hice correr mi sangre y me dejé llevar por mi "unidad" totalmente disgregada.

Llegué al infierno en un par de segundos, que no era mi infierno,
pero para todos ahí lo era. Supe que hacer en todo momento, supe apartarme
sin sentir herido mi orgullo.
Los gritos no me sacudían, las pipas,las mesas, los momentos,
se impregnaban rápidamente de cenizas sin oponer resistencia.

Estúpidamente intentábamos resistir a la destrucción total.
Todo quedó sepultado de gritos.
Todo cambió...

1 comentario:

Camila Gàlvez dijo...

Todo cambia en forma constante. El cambio es oportunidad. Ninguna lucha es estúpida. Ningún grito suena más fuerte que el silencio de cierto abrazo.