sábado, 4 de julio de 2009

Un rotundo no al no.

La implacable forma de hacer las cosas del inconsciente, el acontecimiento, no acepta un "no" como respuesta. Poniéndole el pie encima con esa visceral respuesta, nos metemos en un lío de insospechables consecuencias; creando "minineurosis" muy bien solapadas.
A esto llegué, luego de que el papá de un amigo, que no veía hace mucho tiempo, me explicaba sobre los estudios que ha realizado sobre un tipo específico de terapia. Consiste esencialmente, en la reestructuración de distintos tipos de pensamientos, patológicos o no, a través de estrategias que tienen un origen totalmente lingüistico y en las cuales los resultados son automáticos. Mientras tanto, lograba utilizar mis interrupciones adecuadamente, contrastando sus explicaciones, con "terapias" de un orden más bien esóterico, en que el simbolismo es la piedra angular, ya que el inconsciente no maneja otro lenguaje. Después de todo esto, la invalidez del "no" y su infructuosa utilización para resolver nimiedades cotidianas, me han abofeteado. Esas nimiedades, que con el paso del tiempo, se convierten en monstruos muy hambrientos, de muchas cabezas, para devorar varias cosas a la vez. Esparcen restos y el sonido de su voraz apetito hace eco en todo lugar...

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No te puedes mover; tratas de mover aunque sea una parte de tu cuerpo, pero es infructuoso; parece un largo tiempo, pero son sólo segundos; hasta que es tan común que te entregas y por fin logras despertar.