el insondable placer que cobija la contemplación de lo cotidiano, en que hasta la ínfima piedra sobre el barro tiene su vibración, hasta...
CRISTIAN
miércoles, 9 de junio de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
domingo, 2 de agosto de 2009
sábado, 4 de julio de 2009
Un rotundo no al no.
La implacable forma de hacer las cosas del inconsciente, el acontecimiento, no acepta un "no" como respuesta. Poniéndole el pie encima con esa visceral respuesta, nos metemos en un lío de insospechables consecuencias; creando "minineurosis" muy bien solapadas.
A esto llegué, luego de que el papá de un amigo, que no veía hace mucho tiempo, me explicaba sobre los estudios que ha realizado sobre un tipo específico de terapia. Consiste esencialmente, en la reestructuración de distintos tipos de pensamientos, patológicos o no, a través de estrategias que tienen un origen totalmente lingüistico y en las cuales los resultados son automáticos. Mientras tanto, lograba utilizar mis interrupciones adecuadamente, contrastando sus explicaciones, con "terapias" de un orden más bien esóterico, en que el simbolismo es la piedra angular, ya que el inconsciente no maneja otro lenguaje. Después de todo esto, la invalidez del "no" y su infructuosa utilización para resolver nimiedades cotidianas, me han abofeteado. Esas nimiedades, que con el paso del tiempo, se convierten en monstruos muy hambrientos, de muchas cabezas, para devorar varias cosas a la vez. Esparcen restos y el sonido de su voraz apetito hace eco en todo lugar...
...
No te puedes mover; tratas de mover aunque sea una parte de tu cuerpo, pero es infructuoso; parece un largo tiempo, pero son sólo segundos; hasta que es tan común que te entregas y por fin logras despertar.
A esto llegué, luego de que el papá de un amigo, que no veía hace mucho tiempo, me explicaba sobre los estudios que ha realizado sobre un tipo específico de terapia. Consiste esencialmente, en la reestructuración de distintos tipos de pensamientos, patológicos o no, a través de estrategias que tienen un origen totalmente lingüistico y en las cuales los resultados son automáticos. Mientras tanto, lograba utilizar mis interrupciones adecuadamente, contrastando sus explicaciones, con "terapias" de un orden más bien esóterico, en que el simbolismo es la piedra angular, ya que el inconsciente no maneja otro lenguaje. Después de todo esto, la invalidez del "no" y su infructuosa utilización para resolver nimiedades cotidianas, me han abofeteado. Esas nimiedades, que con el paso del tiempo, se convierten en monstruos muy hambrientos, de muchas cabezas, para devorar varias cosas a la vez. Esparcen restos y el sonido de su voraz apetito hace eco en todo lugar...
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No te puedes mover; tratas de mover aunque sea una parte de tu cuerpo, pero es infructuoso; parece un largo tiempo, pero son sólo segundos; hasta que es tan común que te entregas y por fin logras despertar.
miércoles, 4 de febrero de 2009
La ciudad
Comencé sin saber que mis pasos olían a desgaste. Pero mi ímpetu podía más que mis esquemas, sólo me levantaba y suspiraba aunque me espantaba todo lo que veía. Me encorbaba y miraba mis pies rosando el fuego de la tierra.
¿Quién me quiere seguir, sin que me pida mirarlo a los ojos y explicarle que estoy aterrado?.
Lograba entrar en una ciudad y sus habitantes, llenos de rebosantes mejillas y tan bien armadas imperfecciones, me dejaban seguir. Entraba y salía de una ciudad y no me daba cuenta, y no se daban cuenta. Sólo ese ser interrumpió mi ir y venir alienado. Lo sentí tan cercano, tan conocido, pero me traía sorpresas; a lo mejor era el mismo, sólo que yo no lo era.
Seguí caminando por las calles de esa ciudad desconocida, y con mi acompañante que seguía mis pasos tranquilamente, con la tranquilidad de un monje. Se acercaba el atardecer y mis ojos se llenaban de humo de alguna fogata improvisada, pero olía a comida y mi cuerpo me recordó que soy un animal todavía. Llegada la noche, mi acompañante ya se había perdido y por fin logré entrar a un lugar para comer y beber algo. Me senté algo cansado y agobiado de tanta incertidumbre, daban vueltas mis angustias sin cesar y de pronto se acercó una mujer con piel ajada y muy estilisada figura preguntando: "¿Qué quería?, sólo respondí : "algo para comer y beber", sin ganas de elegir. Al parecer comprendió y se alejó hacia la cocina...
¿Quién me quiere seguir, sin que me pida mirarlo a los ojos y explicarle que estoy aterrado?.
Lograba entrar en una ciudad y sus habitantes, llenos de rebosantes mejillas y tan bien armadas imperfecciones, me dejaban seguir. Entraba y salía de una ciudad y no me daba cuenta, y no se daban cuenta. Sólo ese ser interrumpió mi ir y venir alienado. Lo sentí tan cercano, tan conocido, pero me traía sorpresas; a lo mejor era el mismo, sólo que yo no lo era.
Seguí caminando por las calles de esa ciudad desconocida, y con mi acompañante que seguía mis pasos tranquilamente, con la tranquilidad de un monje. Se acercaba el atardecer y mis ojos se llenaban de humo de alguna fogata improvisada, pero olía a comida y mi cuerpo me recordó que soy un animal todavía. Llegada la noche, mi acompañante ya se había perdido y por fin logré entrar a un lugar para comer y beber algo. Me senté algo cansado y agobiado de tanta incertidumbre, daban vueltas mis angustias sin cesar y de pronto se acercó una mujer con piel ajada y muy estilisada figura preguntando: "¿Qué quería?, sólo respondí : "algo para comer y beber", sin ganas de elegir. Al parecer comprendió y se alejó hacia la cocina...
lunes, 29 de septiembre de 2008
domingo, 28 de septiembre de 2008
Infierno Campestre

Mi quietud era lo único que tenía y no deseaba más.
Sólo el grito desde lo alto me hizo palidecer e inquietarme.
El abejorro resonó y me perturbó...
¡¡¡mi casa!!! es lo que oía y el fuego es lo que yo veía.
Raudamente hice correr mi sangre y me dejé llevar por mi "unidad" totalmente disgregada.
Llegué al infierno en un par de segundos, que no era mi infierno,
pero para todos ahí lo era. Supe que hacer en todo momento, supe apartarme
sin sentir herido mi orgullo.
Los gritos no me sacudían, las pipas,las mesas, los momentos,
se impregnaban rápidamente de cenizas sin oponer resistencia.
Estúpidamente intentábamos resistir a la destrucción total.
Todo quedó sepultado de gritos.
Todo cambió...
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